Saturday, June 03, 2006

1928: La aventura holandesa









Pedro Díaz G.


Muchas cosas suceden en apenas unos años.

La década de los 20 sirve al deporte mexicano para organizarse. Ya hay comité Olímpico; ya se asistió a París 1924, aunque sin mayores logros que la experiencia del viaje.

Los jóvenes deportistas, entusiastas, se multiplican por toda la República.

José Vasconselos, como secretario de Educación, inaugura el Estadio Nacional, en la colonia Roma, en 1924.

Crece la ciudad. Surgen fraccionamientos por doquier, mientras los deportistas abarrotan los campos, las canchas, los gimnasios y las arenas.

Lo mismo del Club Deportivo Internacional, que del Club Yaqui, de la YMCA, de la Escuela Nacional Preparatoria, del Colegio Militar y del Departamento de Educación Física de la SEP.

En 1926 se realizan en la ciudad de México, los I Juegos Centroamericanos.

Se cumple con la recomendación del Comité Olímpico Internacional, para que los deportes nacionales se organicen en federaciones.

El problema ahora es que no hay un nuevo organismo que rija las actividades de dichas agrupaciones. Funciona ya un Comité Organizador de los Juegos Centroamericanos, creado por el COM, pero, sin personalidad jurídica para convocar a las federaciones, el Comité decide, junto con la Federación Atlética, que se debe crear una instancia más. Planean llamarla Confederación Deportiva Mexicana de Aficionados. Será en algunos años más la Codeme.

A los Centroamericanos sólo viajan tres países; bueno, dos: Cuba y Guatemala. Más de 140 personas 113 de ellas son los atletas que representarán a la isla en la competencia vienen de Cuba, los guatemaltecos son apenas 20 deportistas.

Será, la de México, la delegación más numerosa en este encuentro deportivo: 136 atletas.

Se compite en siete especialidades: atletismo, basquetbol, beisbol, esgrima, natación, tenis y tiro. Y el calendario de las pruebas dura casi un mes.

Y hay triunfos destacados, como el del clavadista mexicano Federico Mariscal, del Club Acuático Reforma, o del esgrimista Ramón Fonst, de Cuba.



Cinco días sin bañarse

1928, año olímpico.

El futbol mexicano, se decide, viaja a Amsterdam, para el torneo que inicia semanas antes que los Juegos. Se integra al vapor un equipo que, sin haber entrenado, inicia lo que para muchos será su primer viaje a Europa.

Y las aventuras...

Cinco días de México a Nueva York, por tren. Y de ahí al trasatlántico Majestic, hasta Inglaterra, ocho días más, pero antes lo que desesperadamente buscan los atletas en la urbe de hierro es el baño más cercano para poder, por fin, asearse.

Los resultados: 7-1 goleó España; Chile ganó 3-1 y los eliminó del torneo. En sólo dos encuentros quedó marcado el destino del futbol mexicano en su primera incursión internacional. Pero, no obstante lo adverso del resultado, los jugadores mexicanos son felicitados por el propio conde Baillet de Latour, quien les rinde homenaje por la limpieza de su juego, por su deportivismo y entrega.

Y como se disputa antes que otros deportes el balompié, para que el resto de la delegación haga el viaje, en México mientras tanto se hace otra colecta pública, organizada por el Comité Olímpico, y se reunen 52 mil pesos.

El 24 de junio la delegación mexicana es abanderada por el profesor Moisés Sáenz, en el estadio Nacional. El atleta Jesús Aguirre recibe el lábaro patrio.

Están los mexicanos en Amsterdam, donde por primera vez arde la llama olímpica. Transportada de relevo en relevo, parte de Grecia y cruza Yugoslavia, Austria, Alemania y los Países Bajos; simboliza la unión de la juventud del mundo en un ideal común. Por primera vez el juramento del atleta que representa a todos aquellos congregados en la Olimpiada, es transmitido al mundo entero... Por primera vez compiten las damas en las pruebas de atletismo. Por segunda vez los mexicanos regresan con las manos vacías. Un par de victorias del boxeador Alfredo Gaona, antes de ser eliminado, y nada más. Ni una medalla. Otra vez. Pero algo aprenden los viajeros. La maquinaria deportiva está cada vez mejor aceitada. La tercera es la vencida: Los Ángeles 1932.



Julio, 2004

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