1924: Tiempo de integración

Viajó hasta México, en su periplo olímpico, el conde Belga Henri de Baillet Latour, vicepresidente del COI
Traía la invitación de Pierre de Coubertin para que México asistiera a los Juegos de París, 1924. Con un lleno total en la Sala de Armas Bersín, leyó el conde, en abril de 1923: Señores: Os traigo el saludo del Comité Internacional Olímpico. El gran honor que fue para mí el encargo de esta agradable misión, se ha convertido en un verdadero placer, porque tendré la oportunidad de colaborar con ustedes en dar a México una organización tan perfecta como sea posible, similar a las organizaciones establecidas en los demás países del mundo. Esta organización daría ante el Comité Internacional Olímpico una garantía sin la cual los atletas mexicanos no estarían capacitados para tomar parte en los Juegos Olímpicos ni en los Juegos de la América Central.
Nuestra misión no es intervenir en los asuntos internacionales de cada país. Respetuosos de la libertad de todos, estimamos que cada nación debe organizar los deportes tal como lo juzgue conveniente; lo que deseamos es que todas ellas participen en los Juegos Olímpicos, el fomento de la educación física y la propagación de la idea olímpica, cuyo elevado ideal lleva a la moral los mismos beneficios que la práctica de los deportes. Todos los deportes al alcance de todos, sobre un pie de igualdad, es nuestra divisa. Amistad entre las diferentes clases sociales y entre los pueblos es nuestro objetivo, tal como lo muestra nuestro emblema.
Un apostolado entre los atletas es nuestra obra cotidiana y tal es la razón por la cual el Comité Olímpico se hace representar, eligiendo en cada país los hombres que juzga los más capacitados para dedicarse a hacer penetrar en sus compatriotas las cualidades físicas indispensables y elevar el alma de los que ya practican los deportes en su forma más pura: el amateurismo. Estas cualidades son: respeto a la disciplina, sumisión absoluta a la autoridad, control sobre sí mismo en la derrota, olvido de sus propios intereses por el triunfo de su "team", deseo de vencer por ambición personal, pero más aún por el honor de su bandera; voluntad de perfeccionarse con la esperanza de vencer un día al que acaba de obtener una victoria merecida.
Me permito deciros, para terminar, que el Comité y yo formulamos votos por la prosperidad de vuestro país y por los futuros éxitos de vuestros atletas.
No puedo insistir lo suficiente sobre el placer que siento de encontrarme entre vosotros y cumplir la bella misión de que estoy encargado, en substitución de vuestro ilustre presidente, el Barón Pierre de Coubertin, retenido en Europa por el mal estado de su salud.
Todos aplauden al concluir el discurso del conde de Baillet.
Queda conformado, así el primer Comité Olímpico Mexicano en carácter de provisional.
Otro punto es tratado en esta reunión: no basta con un representante de México ante el COI Miguel de Béistegui; propone De Baillet a don Carlos Rincón Gallardo y comenta que tanto este nombramiento, como la aceptación de México ante el Comité Olímpico Internacional, serán comunicados oficialmente en unos meses.
Antes de la partida del conde hacia otras naciones, es honrado por Carlos Rincón Gallardo, el marqués de Guadalupe, quien le invita a un desfile de charros en el Polo Club. Se va el conde. Ha sembrado una semilla. Viajarán los atletas a París; que gozo.
Pero, ¿y el dinero?...

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