Thursday, June 22, 2006

1932: El exceso de ilusiones




Pedro Díaz G.

Para la tercera actuación de México en los Juegos Olímpicos, se incurre en errores de apreciación: hay un exceso de confianza antes de partir, pues, dos años antes, durante los Segundos Juegos Centroamericanos, realizados en Cuba, México fue el campeón.

Además, no hay dinero, como siempre, para el viaje, y se inicia una tercera colecta a nivel nacional, y como el Comité de Finanzas apenas logra reunir 19 mil 500 pesos, la colonia mexicana en Los Ángeles soluciona parte del problema: envía 2 mil dólares al Comité Olímpico Mexicano.

Ya en Los Ángeles, la delegación se hospeda en la Villa Olímpica, en Westhood Hills.

Pero, tal como lo pronosticaban los más escépticos, los deportistas mexicanos suman derrotas, una a una...

Hasta la noche del 12 de agosto, cuando Francisco Cabañas vence al inglés Stanley Pardoe, pasa a la final y asegura para México la primera presea olímpica. Disputará la de oro al húngaro Stephan Enekes. La perderá.

A la mañana siguiente, el tirador Gustavo Huet, con 294 puntos, empata con el sueco Bartil Ronnmark en el primer lugar. En la ronda definitiva, cae el mexicano.

Pero ya. Ya tiene México dos medallas de plata.

Debía existir un júbilo generalizado, pero no.

Acaban los Juegos. Regresan a la patria los deportistas.

Y no son recibidos con loas, como se esperaba. No. Todo lo contrario. Publicó EL UNIVERSAL la llegada, el 19 de agosto de 1932: Ayer a las 6.20 de la tarde llegaron a México los componentes de la delegación mexicana a la décima olimpiada.

Sólo los familiares y amigos de los que llegaban, así como uno que otro miembro del Comité Olímpico y de las federaciones que enviaron representantes, acudieron a la estación Colonia. Cuando se detuvo el tren en que venía la delegación, los más entusiastas iniciaron un aplauso, el cual murió enseguida.

Los familiares rodearon a aquel a quien iban a esperar y se fueron retirando.

Al ver la triste llegada de nuestros atletas, que sea por lo cansados que venían del largo viaje, o por cualquier otra circunstancia, apenas si querían hablar, y no pudimos sino recordar aquella llegada gloriosa de hace dos años cuando los nuestros regresaron de Cuba y el público llenaba por completo la estación de Buenavista por donde llegaron.

Hace cuatro años, cuando nuestros atletas regresaron de Amsterdam, donde tampoco obtuvieron triunfo alguno, la recepción que se les hizo fue mucho más calurosa que ahora. Eso se debe a que entonces salió nuestra delegación sin que esperáramos nada de ellos, en tanto que ahora por una propaganda mal ideada, se hizo creer que sí podíamos alcanzar algunas victorias, las cuales, al no venir, causaron desilusión.

Entre los recién llegados pudimos ver a Cabañitas, el boxeador que legó a finales y a quien decidimos hacerle algunas preguntas. Cabañitas nos confesó que había perdido el match decisivo por cansancio. No podía yo hacer los movimientos más rápido, nos dijo. Cuando pensaba hacer una cosa, ya tenía el golpe encima. Creo que eso se debe a que tuvo que pelear diario, a lo cual no estaba yo acostumbrado.

Nos hizo notar Cabañas, que sería bueno que para la próxima olimpiada se obligara los boxeadores de aquí a pelear con más frecuencia, para que se acostumbraran.

No hay porras ni vivas por el metal olímpico obtenido por vez primera en unos Juegos. Hay eterna satisfacción personal.

Pero...



Fueron héroes...



Lawson Robertson, entrenador de pista y campo del equipo estadounidense, algo observó en el desempeño de los mexicanos. Dijo a este diario, al terminar los Juegos Olímpicos de 1932: Físicamente los mexicanos son tan buenos como los demás. Fueron unos héroes. Pero pudimos darnos cuenta de que la falta de entrenamiento, de cuidado con ellos, fue el motivo de que no ganaran en ningún evento de pista. Si en su país se preocuparan por ellos debidamente, habrá que verlos en la Olimpiada de 1936...

Julio, 2004



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